Con el paso del tiempo, se transforman las manifestaciones artísticas y junto con ellas, los escenarios, y no me refiero precisamente al instante, a lo efímero, sino a cómo se consolidan los espacios, para compartir, debatir y profundizar un poco en las perspectivas que se tienen de la vida y del mundo, en este caso hablamos de la red, como espacio en común diferente en ubicación y temporalidad, pero que se resiste a la contemplación íntima y a la posesión privada, manteniendo una estrecha relación con el arte público. Pues sus bajos costos, su portabilidad y reproductibilidad permiten la expansión de las múltiples formas de expresión, también por no poseer una jerarquización.
En este orden de ideas lo llamo espacio público por el libre flujo de información que hay en la red y la publicación de obras, vídeos, fotografías, poesías, cuentos, que la transforman como en una especie de plaza de arte, y que se note bien la diferencia, que no es galería sino plaza, una plaza que está llena de fluctuaciones, de intervenciones, dónde lo primordial no está en el dinero sino en los intercambios simbólicos, dónde todos somos dueños y protagonistas de esos intercambios.
