Me encanta caminar por las calles de mi ciudad, y ver cómo se transforma ... pues la alcaldía la quiere blanca y nosotros multicolor, pues para ellos no es conveniente que en vez de propaganda política pagada por el gobierno de turno, haya gaffiti, stencil, carteles, anuncios, que sin importar la técnica ni la forma, están comunicando y están transformando pensamientos, están generando conciencia. Esto último es lo realmente importante, pues a través de exóticos dibujos, estrafalarios colores, se conversa sobre contextos, se manifiesta la inconformidad, se resiste al sistema, se siente y se vive la ciudad, pues sólo con la existencia de ellos, podemos pensar que no estámos solos, que no se trata de ser un inconforme, se trata de ser consciente, y las pruebas están en las esquinas, en los muros, en los puentes, en los andenes, en los túneles que conducen de un barrio a otro, es la verdadera expresión de lo que reclama un pueblo.
El graffiti se caracteriza por perdurar en la pared y ser efectivo comunicativamente, sus tamaños y sus estilos son de gran atención para la mayoría de personas, y es aquí donde viene mi pregunta ... ¿Qué pasa en una sociedad, dónde la mayoría de grafitti y diferentes expresiones artísticas y culturales, son borradas, o más bien pintadas de blanco por su propio gobierno?. Es decir que tenemos unos mandatarios, que no respetan la libre expresión, y es que no se trata de un capricho, se trata de que surgen porque es una manera de resistir, de sobrevivir ante un sistema alienante y homogeneizante, es mucho más que una queja o un simple reclamo, es un discurso que proclama derechos, dignidad y respeto.



